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Lama Jinpa Gyamtso

Vivimos creyendo que somos lo que no somos

Sabias palabras del Lama Jinpa Gyamtso sobre el camino del Buda y la transformación que éste representa

Lunes, 14 de noviembre de 2016 

Mientras pienso en mi charla con el Lama Jinpa Gyamtso, siento todo el peso de la ancestral tradición que estoy a punto de conocer un poco más. El profundo respeto que me provoca, hace que me pregunte si seré capaz de apartar mis limitados esquemas mentales y recoger plenamente el significado de sus palabras.

Lo que sí puedo sentir es como el Lama Jinpa Gyamtso habla desde la presencia plena, meditando cada expresión, tal como si éstas provinieran de una voz más profunda, carentes de filtros, en total luminosidad. Como si el camino de Buda que el Lama Jinpa Gyamtso explica, se representara también a través de sus palabras… ¡Un goce y un regalo!

El Lama Jinpa Gyamtso ha sido el vicepresidente de la Fundación Rokpa y codirector de los Centros Samye Dzong de la escuela Karma Kagyu de budismo tibetano en España durante los últimos 23 años.

Os dejo agradecida esta profunda charla.

 

¿Qué significa “ser un Lama”?

En la tradición tibetana un Lama es como un maestro, una persona autorizada para desarrollar este papel.

Y para una persona occidental ¿es más difícil ser budista o llegar a ser un Lama?

¿En qué sentido?

En el sentido de que quizás en occidente es más complicado soltar ciertas cosas. Vivimos en un mundo más materialista…

Bueno, es un tema muy complejo. Tiene diferentes aspectos. En parte sí que nuestra vida actual está llena de distracciones y ocupaciones. Hay poco tiempo, mucho estrés, poca tradición y poco fomento de espacios que permitan más introspección y un trabajo más personal... Es un mundo enfocado hacia el exterior, hacia la conquista de todo lo externo, hacia el desarrollo personal hacia los demás y en este sentido sí. El camino que enseña Buda, el camino del Dharma, es un camino que, no todo pero en buena parte, tiene que ver con el cultivo de la mente a través de lo que llamamos hoy en día “meditación”. Y esto requiere espacios de tranquilidad, de quietud y esto es difícil.

El camino que enseña Buda, el camino del Dharma, es un camino que, no todo pero en buena parte, tiene que ver con el cultivo de la mente

Por otro lado, antiguamente había más espacio y tiempo para hacer este tipo de trabajo. El contexto cultural de la tradición antigua, por ejemplo en el Tíbet donde el budismo se ha mantenido durante 1000 años sin cambios, es completamente diferente del contexto social, cultural y económico que vivimos en el mundo actual.

Por lo tanto, no es que sea más fácil o más difícil. Lo que sería difícil precisamente es creer que debemos trasladar toda una tradición y todo su contexto a nuestro mundo. Esto es una incongruencia. No podemos dejar de vivir en nuestro mundo y convertirnos a otro estilo de vida completamente diferente. Tendríamos que ir a otro país, buscar otro lugar y huir siempre de nuestra realidad. Entonces, yo no creo que ésta sea la necesidad, sino que se trata más bien de extraer de la esencia de la enseñanza budista aquello que puede ser útil en nuestro contexto y circunstancias, en nuestro momento, lugar y época.

Adaptar la enseñanza en cierto modo…

Pues sí, adaptarla. En mi opinión, lo que hace falta hoy en día es utilizar el caudal de conocimientos, de sabiduría y de métodos, de una gran calidad terapéutica del budismo y saberlos utilizar y transportar a nuestra realidad actual y contexto, sin pensar que necesariamente tenemos que cambiar este contexto o que es un obstáculo, sino utilizándolo con todas sus ventajas e inconvenientes para que también podamos realizar esta transformación interior.

No podemos dejar de vivir en nuestro mundo y convertirnos a otro estilo de vida completamente diferente

Y cuando hablamos de Budismo ¿estamos hablando de un camino, de un dogma?

Hay muchas maneras de entender lo que significa esto que llamamos Budismo. Hay personas que tienen opiniones o interpretaciones diferentes, pero yo creo que si nos remitimos a las enseñanzas originales de Buda, él enseñó un camino. Un camino quiere decir, sobre todo, un conjunto de métodos para efectuar una transformación de la persona que sirva para, dijéramos, disminuir aquellos factores que hacen que la vida sea más complicada, que causan desazón y confusión, inquietud, sufrimiento… y saber encontrar y desarrollar aquellos factores y aquellos potenciales que nos permiten acercarnos más a un estado de sabiduría, de claridad, quizás de unión con todo… o sea, a un estado de paz.

Un camino quiere decir, sobre todo, un conjunto de métodos para efectuar una transformación de la persona

Pero en el Budismo uno mismo es su propio Dios y guía, ¿no?

Bueno, Dios es una cosa y Guía es otra.

¿Y cual es la diferencia?

Su propio Dios no sé qué quiere decir. Pero si decimos su propio objetivo, el hecho último… entonces podríamos decir que uno mismo es el camino…, uno mismo tiene que llegar a ser su propia guía. El camino está dirigido a encontrarse a uno mismo.

¿Este camino puede aprenderse a través de los libros o hay que seguir a un maestro o a un Lama?

El contenido de las enseñanzas de Buda está registrado en el canon de las escrituras que recogen lo que él enseñó. Pero hace 2500 años y en aquellos tiempos no existía la escritura. Las enseñanzas escritas empezaron a aparecer como mínimo 300 años después de su muerte. Entonces se sucedieron nuevas versiones y el resultado es que hay diferentes cánones, todos extremadamente voluminosos. Hay miles y miles de discursos de Buda escritos. Por lo tanto este contenido escrito no siempre coincide y hay diferentes versiones. Por otro lado existe efectivamente la transmisión oral, no sólo de las enseñanzas, sino de la experiencia que la práctica de estas enseñanzas proporciona. De como guiar a las personas para que estas instrucciones y métodos, y este camino enseñado por Buda, realmente hagan efecto. No siempre tenemos bastante con leer lo que está escrito. Hay pues, una transmisión viva, de persona a persona y ésta es la función de un maestro que se supone que ha experimentado suficientemente este camino, lo ha aplicado, lo ha puesto en práctica y ha llegado a una suficiente comprensión de sus frutos y posibilidades, para poder transmitirlo y guiar a los demás.

Este camino budista, ¿implica descubrir la verdadera naturaleza de la mente?

Es una manera de decirlo, sí.

Porque la causa del sufrimiento ¿es la ignorancia de la mente? ¿Sería esta su naturaleza?

Descubrir la verdadera naturaleza de la mente es una manera de decirlo. Pero quizás podríamos decir que de lo que se trata es de recuperar un estado. Ignorancia quiere decir que no percibimos las cosas correctamente y que tampoco nos entendemos a nosotros mismos. Vivimos creyendo que somos lo que no somos y que las cosas son lo que no son. Tenemos una noción ligeramente equivocada de quién somos y de lo que es todo. Y esta noción hace que vivamos de acuerdo con esta visión de las cosas que está equivocada, por lo tanto todo sale mal. Por eso no llegamos nunca a sentirnos plenamente unificados con el mundo, satisfechos, en paz, en armonía de manera definitiva y absoluta; porque básicamente entendemos las cosas de una manera equivocada.

Vivimos creyendo que somos lo que no somos y que las cosas son lo que no son. Tenemos una noción ligeramente equivocada de quién somos y de lo que es todo

Y, ¿como lo hacemos?

No se trata tanto de descubrir cómo son las cosas o de descubrir cómo es la naturaleza de la mente, sino de deshacer una equivocación, una confusión, una interpretación errónea... Y un vez se deshace, entonces las cosas vuelven a su lugar naturalmente.

Fácil de entender pero complicado a la vez…

Bueno. El ejemplo típico es el de una persona que entra en una habitación a oscuras o en penumbra y ve una cuerda enrollada en el suelo. Cómo no ve claramente, cree que es una serpiente. Entonces tiene miedo, siente inquietud, sale corriendo, va a buscar ayuda… Hace toda una serie de cosas, actúa de una serie de maneras movida por la ansiedad, el malestar, el miedo… sólo porque ha visto otra cosa en vez de ver lo que hay realmente. Ha interpretado equivocadamente.

No se trata tanto de descubrir cómo son las cosas o de descubrir cómo es la naturaleza de la mente, sino de deshacer una equivocación, una confusión, una interpretación errónea...

¿Y cómo se deshace este malentendido?

Se trata de hacerle entender a esta persona que esta percepción que ha tenido es una percepción equivocada, que ha visto una serpiente pero que no es una serpiente, que no hay ninguna serpiente y que esta serpiente es una interpretación errónea, como una imaginación equivocada. Cuando encendemos la luz, por ejemplo, automáticamente la persona ve que no hay ninguna serpiente. Entonces se tranquiliza, se le pasan todos los males y deja de actuar de forma neurótica. Por lo tanto, de lo que se trata es de deshacer un malentendido examinando las cosas minuciosa y apropiadamente.

¿Examinándolas desde uno mismo?

Sí, desde uno mismo. Podemos entender el proceso así, como un proceso de deshacer una cosa, más que de crear otra. Si decimos: “Tenemos que descubrir la verdadera naturaleza de la mente”, entonces queremos decir que la ignorancia consiste en que no conocemos la verdadera naturaleza de la mente y lo que tenemos que hacer es emprender un viaje para encontrarla. Este quizás no es el mejor enfoque. No se trata de encontrar nada, sino de deshacer una confusión, como si lleváramos un velo. O del mismo modo que, en términos psicológicos, debido a las circunstancias de nuestra infancia o a la educación, hemos adquirido algunas nociones equivocadas sobre la vida o sobre nosotros mismos y después, más adelante, tenemos que procurar liberarnos de estas nociones para disfrutar de mejor salud mental.

Las creencias…

Sí. Crecemos desarrollando ciertos conceptos sobre nosotros mismos. Por ejemplo, si desarrollas el concepto de que eres feo o fea y tus padres o las circunstancias te han llegado a hacer creer que lo eres, entonces realmente te lo crees. Pero ser feo o guapo es un concepto relativo, depende de cómo se mire… Quizás no lo eres y lo que pasa es que te lo has creído. Te miras al espejo y te ves fea o feo porque tienes un filtro mental que te hace interpretar las cosas de este modo.

... ser feo o guapo es un concepto relativo, depende de cómo se mire…

Es un concepto que tengo de mí…

Sí. Y de lo que se trata es de reconocer que la percepción que tienes de ti mismo es una percepción filtrada por conceptos… Conceptos que en un momento dado surgieron por las circunstancias, pero que no se aplican a una realidad objetiva, sino que son una interpretación subjetiva y por lo tanto tienes que deshacer esta interpretación.

Uff… ¡suena complicado!

Si aprendes a darte cuenta que sólo es un concepto y que no tienes por qué creértelo y trabajas con esto, llegará el día en que ya no pensarás que eres fea o feo, por lo tanto ya no te sentirás ni te verás así. Te verás tal como eres…

Practicar y estar alerta constantemente, pues…

Sí. Se trata de analizar detenidamente las cosas, pero también de analizar detenidamente la propia mente y su funcionamiento. Entender como funcionan nuestros pensamientos y cómo estamos filtrando aquello que vemos a través de conceptos innatos o adquiridos. Debemos darnos cuenta de que algunos de estos conceptos o creencias no se aplican a la realidad. Muchos de ellos son casi automáticos; no nos hemos parado a pensar si son reales o no. Quizás todo el mundo piensa lo mismo, por lo tanto estamos acostumbrados y funcionamos así. La práctica del Dharma consiste, en buena parte, en pararse y decir: “Veamos, un momento… ¿Por qué creo que las cosas son así? ¿Realmente son así?” - Entonces es cuando vemos que no son así, sino que son de otro modo.

La práctica del Dharma consiste, en buena parte, en pararse y decir: “Veamos, un momento… ¿Por qué creo que las cosas son así? ¿Realmente son así?

No hay que ir a buscar siempre fuera, sino que tenemos que encontrarlo dentro

Sí, no es tanto buscar sino aprender a aclarar las cosas. O sea, el cultivo de la mente, en términos budistas, implica apaciguar las perturbaciones mentales, la agitación, la turbulencia, la confusión de la mente. Aquietarla y aclararla. Una vez hecho esto, con la claridad y estabilidad de una mente más concentrada, simplemente tenemos que observar…

¿Observar qué?

Observar lo que ya hay. No se trata de descubrir una cosa que antes no estaba, sino más bien de dejar que lo que hay aparezca. Por lo tanto es una práctica que trata más de soltar y de no hacer, que no de hacer.

¿Y lo que hay es alguien que observa todo esto?

Efectivamente, cuando observas todo esto y dices: “Oh! Ahora estoy aquí y estoy más quieto… ahora estoy más confundido…”- ves que siempre hay alguien describiendo lo que está pasando. ¿Quién es este personaje que está todo el rato comentando y que de alguna manera cree que existe, cree que está y cree que es el observador de quien está siendo observado?

¿Quién es este personaje que está todo el rato comentando y que de alguna manera cree que existe, cree que está y cree que es el observador de quien está siendo observado?

¿¿Quién es??

¡Hay que analizarlo detenidamente, también! Examinar si realmente hay alguien que es el observador o todo forma parte de un proceso de pensamiento sutil. Se tiene que profundizar en esta investigación interior y ver claro que en cierto modo los pensamientos, incluso los más sutiles, crean confusión tarde o temprano.

Este un nivel más profundo…

Sí. Hay diferentes capítulos, diferentes niveles en este proceso de deshacer malentendidos. Es como ir aclarando el bosque, quitando las malas hierbas… Es cuestión de limpiar el terreno. Y existen diferentes etapas. Primero cortas las más gruesas, después las más delgadas... Desde el punto de vista de la meditación y de la visión budistas, la percepción absolutamente clara sólo se puede tener si trascendemos la mente conceptual. Cuando se puede captar, observar y conocer no a través de conceptos, sino directamente sin conceptos.

Continúa sonando muy complicado…

¡En realidad esto es lo más sencillo que hay! Sin conceptos quiere decir: estar relajado y no hacer nada. No se tiene que hacer ningún esfuerzo titánico. Lo que pasa es que nuestra mente tiene un ímpetu, una inercia y estamos acostumbrados a adjudicar cualidades, adjetivos y términos a las cosas: palabras, conceptos, valores, juicios… Lo hacemos porque es la manera como conocemos el mundo: a través de distinciones. Para diferenciar las cosas ponemos palabras: “Esto es esto y aquello es aquello, este es guapo, feo, alto, bajo, esto me gusta, esto no me gusta…”. Pero todo son percepciones relativas, no hay nada que sea intrínsecamente bueno ni malo, ni alto ni bajo, cerca o lejano, tú o yo… Todas estas percepciones son conceptos interdependientes y por lo tanto relativos. No se refieren a una realidad "objetiva", sino a una interpretación subjetiva de las cosas. Se trata de deshacer también esto. Es un proceso para ir deshaciendo conceptos y ver las cosas directamente.

Desde el punto de vista de la meditación y de la visión budistas, la percepción absolutamente clara sólo se puede tener si trascendemos la mente conceptual

Pero desde la misma mente que ve las cosas así, ¡uff!

Sí, desde la misma mente. Podríamos decir que sí. La mente es conocimiento y una de sus actividades es la producción de pensamientos. El primer paso es dejar de producir pensamientos y simplemente observar la propia cognición, la capacidad cognitiva de la mente, la conciencia limpia. Y después utilizar esta conciencia limpia, que es una conciencia transparente, para ver las cosas tal como se desarrollan. Lo tiene que hacer la propia mente, evidentemente. Se trata de mirar, porque esto se tiene que mirar.

¿Mirar?

Sí. Si quieres ver qué hay al final de un bosque porque has visto una cosa que se mueve, ¿que haces? Pones toda la atención y observas. Entonces empiezas a notar que aparecen pensamientos: “Quizás es un oso, o un jabalí… o quizás es un lagarto o una persona…”- Pero si quieres verlo claro, tienes que dejar de pensar y observar detenidamente, con la mente en silencio. Se trata de lo mismo, de saber observar con atención estable y clara lo que hay. Es otro tipo de conocimiento.

El primer paso es dejar de producir pensamientos y simplemente observar la propia cognición, la capacidad cognitiva de la mente, la conciencia limpia

Qué diferente seria todo con esta conciencia de saber observar…

Sí, todo seria muy diferente. En nuestra vida cotidiana, sin ir más lejos, nuestras relaciones con las personas también están llenas de filtros mentales y de conceptos: “Me gusta, no me gusta, es hombre, es mujer, es joven, es viejo, es grande, es rico, es pobre…”. Montones de ideas del pasado que traemos al momento en qué nosotros nos relacionamos con una persona. Entonces esta relación ya está totalmente distorsionada por una montaña de prejuicios. Quizás todo esto no son exactamente pensamientos, pero son valoraciones y guiones mentales previamente establecidos que nos dicen si la persona nos gusta o si le llevaremos la contraria. Todo esto hace que no podamos conocer realmente a la otra persona. La otra persona ¡es una persona! Es un conjunto de partículas atómicas que han salido de una estrella hace unos cuántos millones de años y es un milagro de la vida, de este planeta, en este momento. ¡Pero no vemos todo esto! Sólo vemos toda nuestra interpretación egocéntrica de aquello que para nosotros es importante o no, que nos interesa o no, a partir de unas pautas primigenias. Y no vemos la amplitud y la profundidad de lo que significa un ser vivo, por ejemplo. Por lo tanto, nos relacionamos con él a través de todas nuestras historias mentales.

Es cuando aparecen los conflictos y juicios…

Si supiéramos deshacernos un poco de todos estos conceptos, estaríamos mucho más abiertos a probar de entender al otro y saber qué es lo que nos está intentando transmitir. Podríamos sentir más empatía, entender mejor sus sentimientos, sus necesidades… en vez de imponer nuestras proyecciones.

No nos sentiríamos tan heridos…

Ni seríamos tan susceptibles, ni estaríamos tan a la defensiva… Todo seria y funcionaría diferente.

¿Y la meditación es el camino para apaciguar la mente y conseguir esta claridad?

En los textos budistas no existe la palabra “meditación”; es un invento occidental. La palabra que se usa en el budismo es el “cultivo”: cultivo de la mente. Quiere decir, cultivar una manera de estar, una manera de ser, una manera de percibir limpia, pacífica... Observar la propia mente y reconocer que está funcionando de una manera alocada o confundida y que por lo tanto tenemos que cultivar un estado que no sea así. Ver que hay ciertas tendencias que tienen que ir desapareciendo, buscar otras capacidades y fomentarlas, como la presencia plena, la atención, la claridad, la concentración, etc.

En los textos budistas no existe la palabra “meditación”; es un invento occidental. La palabra que se usa en el budismo es el “cultivo”: cultivo de la mente

Cultivar… ¡que bonito!

Cultivar la mente es como cultivar un jardín. Tienes que arrancar ciertas hierbas y plantar otras. Y después ir cuidándolo, regándolo y manteniéndolo para que vayan creciendo. Con la mente se trata de lo mismo: de cultivar otra manera de pensar, de percibir y de reaccionar, centrándonos en hacerlo en momentos especiales que llamaremos: “practicar la meditación”.

En silencio…

Sí. La práctica formal de este cultivo de la mente se hace en silencio. Pero después tenemos que saberla transportar, porque la mente ¡la transportamos todo el día! No sólo en ciertos momentos formales. Todo el día funcionamos con una manera de pensar, de percibir, de reaccionar… El camino del Dharma es un camino de transformación. Tenemos que transformar nuestra manera de ser. No sólo con un rato ritual y ceremonioso, sino a lo largo de todos los momentos de nuestra vida. Meditar, en este caso, es estar atento. Recordar aquello que hemos entendido, lo que nos conviene y no nos conviene para mantenerlo y tenerlo presente a lo largo del día. Esto también podríamos llamarlo meditación.

La práctica formal de este cultivo de la mente se hace en silencio. Pero después tenemos que saberla transportar, porque la mente ¡la transportamos todo el día!

Sí, porque normalmente entendemos la meditación como una terapia para calmarnos, pero analizamos los pensamientos y las acciones posteriores

Bueno, hoy en día se habla de meditación en todas partes y todo el mundo entiende cosas diferentes. La meditación budista básicamente tiene dos etapas: la primera es para apaciguar, calmar, estabilizar esta turbulencia, agitación y confusión. Y ¿para qué? No sólo para estar relajados y dormir más fácilmente. El objetivo es ver claro. Desde las cosas más básicas y cotidianas, hasta ver claro quién somos realmente y qué hacemos aquí y qué es todo. El verdadero objetivo del cultivo de la mente es cultivar su capacidad de conocer con claridad, con precisión, con profundidad… Entonces todo funciona mejor, de acuerdo con la naturaleza de las cosas… Por lo tanto sufrimos menos y hacemos sufrir menos a los demás…

Entender la naturaleza de las cosas, ¿es comprender que un roble no se plantea nada más y no quiere ser nada más que un roble? Ellos no tienen una mente que les juega malas pasadas

En parte sí. Pero nosotros somos conscientes y ¡esto es un misterio! Yo creo que podemos decir que la conciencia es nuestro don más grande, es la cualidad más extraordinaria que tenemos y a la vez es nuestro mayor problema. Porque la conciencia es lo que nos permite conocer, ser conscientes de que estamos vivos. Y, desde un punto de vista más amplio, podríamos decir que el universo se ha hecho consciente de si mismo a través nuestro.

Pero vemos el universo allí arriba…

Nosotros somos parte del universo, ¡no somos extrauniversales! Somos como una planta que ha crecido del barro del universo y que se mira a sí misma y dice: “Ostras! Estoy aquí y ¡el universo está allí!”- cómo si estuviera separada de él. Este acto de tomar conciencia ciertamente es un hecho extraordinario. Pero lo importante es la capacidad del universo de iluminarse a si mismo a través de nuestra conciencia individual. Es también algo extraordinario. Pero a la vez, esta conciencia hace que ya no podamos funcionar de manera automática como los animales o las plantas, por ejemplo. Ellos no hacen ningún esfuerzo para entender nada, sino que automáticamente ya saben como funcionar. En buena parte nuestro cuerpo también se encarga de hacer sus procesos automáticos y no tenemos que tomar conciencia de ellos. Pero la parte consciente de nosotros, de alguna manera se ha distanciado, porque el conocimiento comporta un conocedor y algo conocido. Por lo tanto, hay una sensación de distancia, cosa que no es real porque todo es parte de lo mismo. Pero nosotros tenemos esta percepción.

Nosotros somos parte del universo, ¡no somos extrauniversales! Somos como una planta que ha crecido del barro del universo

Es la percepción de la dualidad…

Sí. Y esta percepción es nuestro gran problema porque nos sentimos separados. Por lo tanto, tenemos miedo, nos sentimos solos, no sabemos de donde venimos, no sabemos a dónde vamos… En realidad venimos de la tierra y vamos a la tierra, ¡no hay más historias! Cada uno de nosotros somos como las olas: una ola sale del mar y vuelve al mar. En realidad en todo momento es mar y nada más. Pero como nos sentimos separados, tenemos todas estas preocupaciones y empezamos a pensar en quién somos, qué es bueno y malo, éticamente correcto e incorrecto… ¿Cómo es que nos ponemos normas y leyes? Porque no estamos seguros de lo que hay que hacer. Todo esto viene de la conciencia por que funciona de manera dualista. Es nuestro don y nuestro problema.

El roble está dentro del universo…

Yo creo que sí, que podríamos decir que el objetivo es volver a ser como un árbol. Pero no de una manera regresiva, sino con plena conciencia, con una conciencia aumentada. Recuperar la simplicidad de ser como un árbol, pero habiendo tomado conciencia de que no estamos separados de la tierra; ¡que somos la Tierra!

... podríamos decir que el objetivo es volver a ser como un árbol. Pero no de una manera regresiva, sino con plena conciencia, con una conciencia aumentada

¡Que bonito!

Los humanos nos hemos distanciado de la naturaleza y todo ha empeorado. En cierto modo actualmente estamos en un punto histórico y evolutivo de máximo distanciamiento de la naturaleza y de nosotros mismos. Esto nos da mucho más poder y más capacidad para controlarlo todo y conocer hasta el mínimo detalles de las cosas. Pero a la vez nos aliena, nos aísla y nos causa más sufrimiento. Yo creo que el camino que Buda enseña es un camino para volver a ser, sin tener que hacer nada. Por lo tanto, en cierto modo se trata de volver a vivir con la simplicidad inmediata de una planta o un animal, pero con una diferencia enorme, que es la de la plena conciencia de aquello que estamos haciendo y de nuestra unión con todo.

Sería fantástico…

Un roble sabe ser un roble y un tigre sabe hacer de tigre sin ningún tipo de problema y no tienen que ir al psiquiatra o al psicólogo. Nosotros no sabemos qué es ser hombre o mujer o adulto o viejo o niño… o ser ¡un ser humano! Y siempre nos lo estamos preguntando: ¿Cómo tengo que vivir? ¿Quién soy? ¿Cuál es mi potencial? ¿Por qué vivo? ¡Ni un roble, ni un tigre, ni una hormiga se preguntan estas cosas!

¡Tenemos que aprender a ser cómo ellos!

Quizás sí que tenemos que aprender a ser como un tigre, una piedra o un roble… pero lo tenemos que hacer a partir del don ¡que es nuestra conciencia!

¡Muchas gracias Lama Jinpa Gyamtso por sus palabras!

Cristina Jané

Llicència de Creative Commons

 

Enlaces de interés relacionados en esta charla:

- Lama Jinpa Gyamtso

- Centres Samye Dzong

- Fundació Rokpa

- Libro: Morir y volver a nacer

 

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